UNA HISTORIA SIN COMIENZO NI FINAL

 

Es imposible recorrer el proceso inmigratorio a Canadá en el período que estamos considerando (aproximadamente entre 1850 y nuestros días), dejando de lado a quienes ocupaban previamente el espacio que los inmigrantes eran invitados a llenar… y lo que sucedió con ellos.

La imagen con la que iniciamos esta entrada fue Cunnawa-bum (La que mira a las estrellas), metis de ascendencia Cree pintada entre 1849 y 1856 en Fort Edmonton por el pintor Paul Kane, nacido en Irlanda de padres ingleses, afincado en York, hoy Toronto, que por entonces contaba con unos pocos miles de habitantes.

Kane realizó dos viajes hacia el oeste (el primero hasta las planicies y el segundo, financiado por la Hudson Bay Company, hasta la costa oeste) con el fin de retratar a las gentes que iba encontrando y reflejar sus costumbres. Y aunque su estilo idealiza razgos y crea escenas poco realistas adaptadas al romanticismo de la época, sus pinturas han resultado inapreciables para los etnólogos de hoy ya que muchas veces son lo único que queda de culturas que desaparecieron o fueron diezmadas en los años siguientes. Si te interesa, puedes encontrar un interesante artículo sobre la obra y los cruces entre arte, etnografía y cánones estéticos haciendo click aquí.

Nos ha interesado comenzar con una obra de estas características porque uno de los objetivos de Cuéntame es poner el foco en la otredad y en cómo nuestra mirada construye al otro como diferente a la vez que define el tipo de relación que estableceremos con él.

Solo dos décadas después de que Kane nos entregara la otredad misteriosa de Cunnawa-bum y nos permitiera saber no como ella era sino como él la veía, se comenzaban a celebrar los tratados que la harían «innecesaria», incómoda, absolutamente Otra, y la quitarían del camino.

Siguiendo una tradición que se había iniciado en Lower y Upper Canada en los siglos anteriores, la recién formada nación celebró a partir de 1872 sucesivos tratados con los pueblos originarios y con los metis asentados en las planicies del oeste mediante los cuales tanto los primeros como los segundos renunciaban a sus derechos y cedían sus territorios.

A partir de esos tratados, a Canadá le fue posible generar las condiciones para atraer el tipo de inmigrante que consideraba deseable. Fue una experiencia demográfica a escala gigantesca, racial y culturalmente excluyente, que si bien resultó económicamente exitosa, con el tiempo demostró ser tan poco eficaz en términos de política poblacional como injustificable desde el punto de vista ético.

Pronto, atraídos por la Dominon Lands Act llegaron a la zona varios millones de inmigrantes muchos de los cuales, a su vez, emigraron muy pronto hacia los EEUU, empujados por el clima, por la aridez de la tierra que se les había adjudicado y por la falta de medios para cultivarla.

Atrás quedaban, a la espera de que el tiempo rescatara su memoria y su presencia, gentes como Cunnawa-Bun o como el jefe cree Pitikwahanapiwiyi (Poundmaker), fotografiado en el momento de su rendición tras la North-West Rebellion de 1885, el último de los intentos de resistencia organizada.

Puedes ampliar tu información sobre la Homesteading policy aquí y si te interesara saber más sobre la North-West Rebellion puedes consultar este artículo de la Canadian Encyclopedia.


Imágenes:

Cunnawa-Bun, óleo de Paul Kane.

Familia de la nación Saulteax fotografiada en la época de los tratados 1 y 2 en Manitoba.

Pictografía del Tratado Nº 4 entre la corona británica y las naciones Cree y Saulteaux realizada por el jefe Paskwa en 1874. Mediante el tratado Nº 4 las naciones firmantes cedieron lo que hoy es el sur de Saskatchewan y parte del oeste de Manitoba y el sur-este de Alberta.

Grupo de mujeres Doukhobor provenientes de Ukrania arrastando un arado en Manitoba.

Pitikwahanapiwiy (Poundmaker)

 

 

 

 

 

 

 

 

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