PAZ: RECONSTRUCCIÓN Y NUEVOS COMPROMISOS

 

Los años que van desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial hasta finales de la década de los ’60 estuvieron marcados por una tensión permanente entre políticas inmigratorias estancadas en los criterios de la primera mitad del siglo y una sociedad que evolucionaba rápidamente.

Por un lado Canadá siguió negándose a ser signataria de los tratados internacionales que buscaban soluciones humanitarias al tema de los refugiados y fue sumamente reluctante a la hora de eliminar trabas al ingreso de los grupos o personas que en décadas anteriores se habían definido como indeseables en base a su nacionalidad, religión, grupo étnico, área geográfica de origen, hábitos y costumbres, sexualidad, etc. La preferencia, en los primeros años de postguerra, se mantuvo centrada en la inmigración del oeste, centro y norte de Europa y la situación económica que vivía la región y las tensiones de la Guerra Fría continuaron alimentando algunos flujos de inmigración importantes, en especial en la década de los ’50.

Por otro lado la guerra, su carácter global y los compromisos asumidos por el país en los años posteriores, fueron abriendo puertas una a una.

El hecho de que Pakistán, Ceilán, la India o China hubieran sido parte fundamental del esfuerzo de guerra en el Pacífico hizo necesario que Canadá reviera sus criterios de admisibilidad para las personas originarias de esos países y lo mismo ocurrió con la población de las islas del Caribe anglófono. Hombres y mujeres de las Islas habían participado en la contienda como parte del ejército inglés, habían obtenido por ello la nacionalidad británica y era muy difícil no reconocerles derechos similares a los de cualquier otro súbdito de la corona, fuera del color que fuese.

Por otra parte, a partir de la conformación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, Canadá pasó a formar parte de una alianza militar y política que incluía a los países del Sur de Europa, como Italia, Portugal y Grecia.

Eso implicó que ya no fuera posible considerar indeseables a las personas provenientes de esa región que, por otra parte, poseían profesiones y oficios que el país necesitaba incorporar si deseaba hacer posible una nueva etapa de su desarrollo industrial.

Por último y como se puede apreciar en los gráficos de la entrada Línea de Tiempo y Tendencias, la realidad demográfica canadiense hacía inviable continuar esperando que los problemas poblacionales del país se solucionaran en base a criterios que ya habían demostrado su falibilidad e inadecuación.

Como nos recuerda Gonzalo Velazco, Profesor de Filosofía de la Historia y Pensamiento Crítico de la Universidad Camilo José Celá «el consenso de posguerra cimentó [en Europa] la reconstrucción en un incremento del gasto público y de la protección social que garantizase a amplios estratos de población una capacidad adquisitiva suficiente para dinamizar la producción a través del consumo».

Eso, que era válido en Europa lo era también en Canadá. Pero el éxito de esas políticas una vez comenzados loa años `60, hacía imposible que el país siguiera haciendo depender sus flujos inmigratorios de las personas que Europa expulsara. Europa había encontrado a forma de no expulsar a nadie.

 

Como podemos ver en la línea de tiempo, en 1961 se registró un nuevo mínimo en el ingreso de inmigrantes y en los años siguientes la legislación se fue adaptando a los nuevos requerimientos y las nuevas circunstancias.

 

Uno de esos cambios, el sistema de puntos que comenzó a funcionar en 1967, implicó, de hecho, el abandono casi definitivo de los criterios centrados en la raza y el comienzo de la apertura a la inmigración proveniente de regiones como el sur de Asia y Latinoamérica.

 

Canadá iba dejando atrás el estatus de ex-colonia ensimismada y temerosa de la diversidad y comenzaba a integrarse a la modernidad.

Los ’70s se preparaban para entrar en escena…

 


Imágenes:

Inmigrantes/refugiados húngaros tras el levantamiento de 1956

Músico ambulante jamaiquino en un restaurante de Montreal.

Inmigrantes italianos y portugueses.

Inmigrantes provenientes de India.

 

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