MUJERES Y NIÑAS EN PRIMER PLANO

 

Uno de los problemas que presenta el español a la hora de profundizar en este tipo de temas, es que el llamado «masculino genérico» y el uso constante de expresiones como «los inmigrantes…», crea escenarios simbólicos en los cuales los hombres adquieren un protagonismo casi excluyente mientras que las mujeres son invisibilizadas o aparecen ocupando lugares secundarios. Es por eso que en Cuéntame nos interesa poner el foco en ellas y nombrarlas.

Por otra parte, en la época que estamos analizando, en Canadá las mujeres estaban excluidas de la vida pública (incluyendo el voto, el derecho a ocupar lugares de representación o la posibilidad de integrar jurados), perdían sus derechos de propiedad cuando se casaban, o no podían reclamar la custodia de sus hijos.

Puedes ampliar este tema con un click aquí. Y podría interesarte mucho el artículo » Female Immigrants and the Canadian State, 1860 through the 20th century» que puedes consultar clickeando aquí.

Ese era el mundo al que las mujeres inmigrantes llegaban y vale notar que aunque muchas de ellas provenían de entornos igualmente restrictivos, otras provenían de sociedades en las que ya tenían más derechos de los que se les reconocían en el país al cual se integraban. Esas mujeres, con su prédica, con sus actitudes y su capacidad de transformar la realidad, abrieron caminos que luego otras siguieron.

Ese choque cultural al que muchas mujeres se vieron enfrentadas y el modo en que se negaron a aceptar los viejos y los nuevos condicionamientos, no fueron ajenos a que Alberta, Manitoba y Saskatchewan (las provincias con mayor porcentaje de población inmigrante a finales del siglo XIX) hayan sido las primeras en reconocer el derecho al voto de las mujeres (aunque sólo el de las mujeres blancas), o que fuera Manitoba la primera en reconocerle a las mujeres casadas algunos derechos de propiedad.

Hemos elegido esta foto de inmigrantes finlandeses (mujeres pero también varones y niños de ambos sexos) marchando en Toronto delante de un cartel en el que se exige el voto femenino porque de alguna forma nos permite acompañarlos en ese momento en que, quizás sin saberlo, estaban construyendo el mundo en que hoy vivimos.

Un ejemplo muy anterior de la capacidad de una inmigrante para no plegarse pasivamente a los condicionamientos de su época fue el de la afro-estadounidense Mary Ann Shadd Carym, educadora y escritora abolicionista, una de las impulsoras de Uderground Railwway que permitió la huída hacia la libertad de decenas de miles de esclavos, primera mujer en editar un periódico en Canadá (The Provincial Freeman que comenzó a publicarse en Windsor en 1853) y fundadora de una de las primeras escuelas no-segregadas del país.

Mary Ann Shadd Carym, después su estadía en Canadá, regresó a los EEUU para participar en los esfuerzos de la guerra antiescalvista y a su término estudió abogacía y fue la segunda mujer negra abogada de Norteamérica.

 

Un párrafo especial merecen las niñas que viajaban sin sus familias. Ese fue el caso de muchas niñas judías del centro y este de Europa, enviadas para evitarles los horrores de los pogroms antisemitas que se desencadenaron entre 1881 y 1884 y que se repitieron en los primeros años del nuevo siglo. Y fue también el caso de las decenas de miles de niñas británicas llegadas a Canadá para realizar trabajos domésticos y sometidas, por lo tanto, a situaciones de extrema vulnerabilidad. Puedes ampliar información sobre este tema en la entrada Vulnerabilidad y Desarraigo de este mismo blog.

Por todo lo anterior nos ha parecido pertinente una entrada dedicada a las inmigrantes, que constituyeron una categoría especial al interior de cada grupo, asumiendo tanto las tareas de reproducción y cuidados como las tareas de producción y abastecimiento y soportando tensiones, desigualdades o violencias que hasta no hace mucho tiempo estuvieron totalmente naturalizadas.


 

Imágenes:

Mujeres inmigrantes jugando y bailando en la cubierta de un buque a finales del siglo XIX.

Única fotografía conocida de Mary Ann Shadd Carym.

Grupo de inmigrantes finlandeses en una demostración de trabajadores en Toronto con una pancarta en reclamo del voto femenino (Finlandia fue el primer país del mundo en reconocer plenos derechos políticos a las mujeres en 1906).

Niña judía de Galitzia a su llegada al puerto de Montreal posiblemente a mediados de la década de los ’80 del siglo XIX.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Nombre *