DEPRESIÓN, DESEMPLEO Y RECHAZO

 

La crisis global conocida como Gran Depresión iniciada en 1930 tuvo un tremendo impacto en Canadá debido a la dependencia que el país tenía con respecto a los mercados externos y por lo rudimentarias que habían sido las políticas de bienestar social hasta esa época.

Los conocidos como Dirty Thirties, que significaron para millones de personas desempleo, sub alimentación e imposibilidad de mantener sus viviendas, afectaron muy especialmente a los inmigrantes.

En las grandes ciudades los inmigrantes fueron los primeros en perder sus empleos y era usual que emigraran hacia las zonas rurales. En las praderas, decenas de miles de aquellas familias que se habían instalado durante el auge inmigratorio de principios de siglo, debieron abandonar sus tierras y refugiarse en las ciudades en busca de algún tipo de cobijo.

Las razones que podían motivar la deportación de extranjeros se ampliaron para incluir a los desempleados (por no poder bastarse a sí mismos) y a quienes sufrieran enfermedades que los transformaran en una carga pública.

Durante los años de depresión los sentimientos xenófobos tomaron fuerza en la sociedad canadiense, se intensificaron a medida que el inicio de una nueva guerra en Europa se volvía inevitable y se expresaron con mayor virulencia cuando finalmente ésta se desató.

En 1938, a pesar de que instituciones religiosas y sociales de todo tipo instaron al gobierno para que se plegara a los tratados internacionales en materia de aceptación de refugiados, en especial de personas judías que huían del nazismo, Canadá se negó a plegarse a los acuerdos. Como resultado se transformó, con una diferencia abismal, en el país desarrollado con menor aceptación de refugiados durante todo el período.

Un años después, en 1939, en un episodio que tuvo características particularmente dramáticas y pese a los reclamos de las organizaciones judías y las iglesias, se negó la entrada al puerto de Halifax de los 930 pasajeros del transatlántico St. Louis que ya habían sido rechazados en el Puerto de Nueva York. 254 de aquellas personas, a su regreso a Europa, murieron durante el Holocausto y aquello sumó amargura al sabor que diez años antes había dejado el episodio del Komagata Maru en la conciencia candiense.

Una vez iniciada la Segunda Guerra Mundial la comunidad de inmigrantes más afectada (si bien no la única) fue la japonesa. En 1942 la mayor parte de la población de origen japonés de Columbia Británica fue internada en campos de detención y desposeída de sus bienes, situación que se prolongó hasta casi dos años después de finalizada la guerra, en 1945. Durante ese período sus casas y sus posesiones fueron vendidas para pagar los gastos de detención.

Todo lo sucedido en esa oscura etapa que había comenzado con la Gran Depresión y culminaba al finalizar la guerra tuvo, paradójicamente, dos efectos positivos que tendrían un enorme impacto en las décadas siguientes y ayudarían a conformar el país que conocemos.

 

– el país tomó conciencia de la necesidad ineludible de crear estructuras de protección social y adoptar políticas propias de los Estados de Bienestar,

 

– comenzó a desarrollarse una conciencia generalizada acerca de que las políticas inmigratorias no podían ni debían responder a intereses puramente económicos. Esa idea había fracasado.

En 1988 el gobierno canadiense pidió disculpas públicas ante la comunidad japonesa por lo sufrido durante el período de internamiento y está previsto que el año próximo se realice un pedido de disculpas similar por el episodio del St. Louis.

Puedes encontrar información de interés sobre el período de la Gran Depresión, el episodio del St. Louis y el internamiento de personas de origen japonés en la Canadian Encyclopedia aquí, aquí y aquí.

 


 

Imágenes:

Desempleado urbano emigrando hacia las zonas rurales.

Familia de agricultores de Alberta emigrando hacia zonas urbanas.

Abuela y nieta pasajeras del St. Louis.

Niña japonesa esperando a ser conducida con su familia hacia un campo de detención.

 

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