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Para el segundo de los temas que abordaremos, Díasporas y diversidad, nos ha parecido adecuado este trabajo de Tribalistas en su reaparición en 2017.
Arnaldo Antunes, Carlinhos Brown y Marisa Monte ya son "adultos mayores" pero su poesía mantiene el mismo encanto, y la humanidad, la interculturalidad y lucidez de siempre.

DIÁSPORA

Acalmou a tormenta
Pereceram
Os que a estes mares ontem se arriscaram
E vivem os que por um amor tremeram
E dos céus os destinos esperaram
Atravessamos o mar Egeu
O barco cheio de fariseus
Como os cubanos, sírios, ciganos
Como romanos sem Coliseu
Atravessamos pro outro lado
No Rio Vermelho do mar sagrado
Os Center shoppings superlotados
De retirantes refugiados
You, where are you?
Where are you?
Where are you?

Onde está Meu irmão
Sem Irmã
O meu filho sem pai
Minha mãe
Sem avó
Dando a mão pra ninguém
Sem lugar
Pra ficar
Os meninos sem paz
Onde estás Meu senhor
Onde estás?
Onde estás?
Deus Ó Deus onde estás
Que não respondes
Em que mundo
Em qu’estrela
Tu t’escondes
Embuçado nos céus
Há dois mil anos te mandei meu grito
Que embalde desde então corre o infinito
Onde estás,
Senhor Deus

Atravessamos o mar Egeu
O barco cheio de fariseus
Como os cubanos, sírios, ciganos
Como romanos sem Coliseu
Atravessamos pro outro lado
No Rio Vermelho do mar sagrado
Os Center shoppings superlotados
De retirantes refugiados
You, where are you?
Where are you?
Where are you?
Where are you?
Where are you?

Onde está Meu irmão
Sem Irmã
O meu filho sem pai
Minha mãe Sem avó
Dando a mão pra ninguém
Sem lugar
Pra ficar
Os meninos sem paz
Onde estás Meu senhor
Onde estás?
Onde estás?
Where are you?
Where are you?
Where are you?
Where are you?
Where are you?
Where are you?



 
 

En esta sección se presentan los temas abordados en las notas de prensa publicadas por y a propósito del prgrama

 
 
 
Nota publicada por Centro News y Revista Debate - Jueves 30 de noviembre de 2017
 

Estereotipos, roles e inequidad “cuando tu abuela era una niña”

En la primera nota de este ciclo nos preguntábamos ¿de qué hablamos cuando hablamos de empoderamiento? y llegábamos a la conclusión de que el concepto alude al poder entendido, no como dominación sobre los demás, sino como capacidad de aumentar la auto-confianza, sentir orgullo por lo que se es, informarse adecuadamente, educarse, organizarse, participar en la toma de decisiones, negarse a discriminar o a ser discriminados, y aspirar a y luchar por una vida de mayor calidad y bienestar.

Y a lo largo de la nota, quedaba claro que si bien quienes se empoderan son las personas, los procesos que llevan desde la vulnerabilidad y la subordinación hacia el empoderamiento son procesos colectivos, que requieren la toma de conciencia de que, cualquiera sea el motivo de nuestra falta de poder, “no estamos solos” en lo que nos pasa.

Habiendo sido Noviembre el mes consagrado a la toma de conciencia acerca de las múltiples formas con las que se puede presentar la violencia contra las mujeres, en el marco del Proyecto Conéctate nos ha parecido pertinente realizar un ejercicio de empoderamiento a través de un viaje hacia atrás en el tiempo, hacia la década de los años 50 y 60, cuando las mujeres que hoy tienen edad de ser abuelas, eran niñas.

En la época, desde ese ámbito de la cultura popular que es la publicidad, se construían imágenes idealizadas de mujeres recluidas en el ámbito de lo doméstico, sumisas, subordinadas, física y psicológicamente frágiles e inestables, intelectualmente disminuídas, y avergonzadas de su propio cuerpo. Y es importante poder recordar y analizar esas imágenes y los mensajes que trasmitían porque no existe empoderamiento sin reflexión y sin memoria.

Ese ejercicio de traer hacia nosotros viejas imágenes de un mundo no tan lejano y leerlas no desde el punto de vista del producto comercial que trataban de vender (desodorantes, jabones, planchas, vajilla, máquinas de coser, juguetes para niños, hamburguesas o ansiolíticos) sino desde la perspectiva del producto simbólico que buscaban normalizar y perpetuar (mujeres felices resignándose a ocupar los roles subordinados que les habían sido dados en función del sexo con el que habían nacido o mujeres histéricas o inadecuadas que no saben darle al hombre lo que el Hombre necesita) busca ser un ejercicio de empoderamiento en dos sentidos.

El primero, recordarle a las mujeres que hoy tienen 50 o más años que si ellas pudieron salir de ese mundo en el que la desigualdad no sólo estaba consentida sino que era algo socialmente valorado, no fue porque alguien magnánimo y poderoso hubiera decidido súbitamente emanciparlas y regalarles la posibilidad de estudiar, trabajar, llevar vidas independientes, valerse por sí mismas y tener control de sus propio cuerpo y de su sexualidad, sino que fue el fruto de la suma y la amalgama del esfuerzo de millones de mujeres que resistieron -muchas veces en soledad- dentro y fuera de sus hogares, se asociaron a pesar de las críticas que recibían, se hicieron fuertes y llegaron a ser capaces de protagonizar la mayor y más radical reforma social que haya presenciado el siglo XX.

El segundo, recordarle a las mujeres jóvenes que hoy podrían llegar a pensar que el mundo que han recibido se hizo solo, que fue siempre así y que es inamovible, que para conservar lo que ese mundo tiene de bueno y para cambiar lo que sigue siendo inadmisible (las brechas salariales, la violencia, el no reconocimiento de las tareas reproductivas y de cuidados como trabajo) les será imprescindible mirarse en el espejo de quienes fueron capaces de resquebrajar y hacer saltar en pedazos estructuras injustas que parecían eternas.   

Ese viaje hacia atrás para analizar imágenes publicitarias de una época en que las mujeres cambiaron el mundo tendrá lugar a través de una webinar del proyecto Conéctate el día 2 de diciembre a las 10 am y para registrarte puedes ir a www.latinasentoronto.org

CONÉCTATE - El Futuro ante ti (un proyecto financiado por el Ministry of Seniors Affairs de Ontario y apoyado por el Hispanic Canadian Heritage Council y el Departamento de Español de la Universidad de Toronto) propone, a través del uso de las tecnologías de la información y la comunicación, promover el diálogo y el intercambio de experiencias y conocimientos entre diferentes generaciones de la comunidad de origen latinoamericano.

 
 
 
 
Nota publicada por Centro News y Revista Debate - Jueves 9 de noviembre de 2017
 

¿De qué hablamos cuando hablamos de empoderamiento?

Cuando se trabaja en temas de promoción y fortalecimiento comunitario, es común utilizar o escuchar la palabra “empoderamiento” y como suele ocurrir con este tipo de conceptos complejos, a medida que su uso se extiende, su significado se desvanece. Las palabras, como las hadas de los cuentos infantiles, tienen esa magia y llegan a convencernos de que basta decir que hacemos algo para que eso que decimos que hacemos se haga realidad.

Cuando se comienza a notar que sucede algo así, para evitar que los términos se ahuequen y que su significado se pervierta o vanalice, es útil realizar un ejercicio breve que consiste en preguntarse: ¿de qué estamos hablando?

En este caso, y del mismo modo en que Raymond Carver se preguntaba ¿de qué hablamos cuando hablamos de amor? cabe cuestionarse ¿de qué hablamos cuando hablamos de empoderamiento? y mirar hacia atrás, para encontrarnos con quienes comenzaron a usar el concepto.

Según la definición más aceptada, el empoderamiento es “el proceso mediante el cual las personas fortalecen sus capacidades, confianza, visión y protagonismo en cuanto grupo social, para impulsar cambios positivos en las situaciones que viven, basados en el libre acceso a la información y la participación inclusiva.

De la definición, surgen tres aspectos claves del empoderamiento que muchas veces, cuando la palabra comienza a usarse desaprensivamente, quedan invisibilizados y se olvidan. 

En primer lugar, se nos habla de  un proceso, es decir de algo que necesita un desarrollo en el tiempo. El empoderamiento no es algo que vaya a suceder de pronto, por un acto de voluntad o de repentina lucidez, sino algo que merece y requiere esfuerzo continuado. Activismo y convencimiento.

En segundo lugar, y siempre de acuerdo a la definición, si bien el empoderamiento es algo que refiere a las personas, no se trata de un proceso de desarrollo individual sino que requiere conciencia, aprendizaje y accionar colectivo. Que nos reconozcamos como parte de un grupo social que comparte determinadas características y que se plantea determinados cambios en las situaciones que viven sus integrantes.

Y en tercer lugar (y esto es fundamental), se requiere que las personas involucradas tengan un amplio y libre acceso a la información que necesitan (porque es muy difícil plantearse cambios a situaciones que no se comprenden plenamente) y que participen activa, determinante, inclusiva y democráticamente.

Cada una de estas características sin las cuales no existe empoderamiento real se comprenden mejor si hacemos ese ejercicio que proponíamos, de mirar hacia atrás para encontrarnos con quienes acuñaron el concepto.

El concepto de empoderamiento tiene su origen en las enseñanzas del educador popular Paulo Freire y su desarrollo teórico estuvo ligado a los estudios de género y los feminismos de la llamada “segunda ola”. Su aplicación fue propuesta por primera vez a mediados de los 80 por una red de grupos de mujeres e investigadoras (Direct Action for Women Now), para referirse al proceso a través del cual las mujeres comenzaban a reclamar equidad (material y simbólica) e incrementaban sus capacidades y protagonismo en todos los ámbitos.

Poco a poco, la aspiración al empoderamiento se extendió a otros colectivos vulnerables, definidos por la edad, la etnicidad, los ingresos, las preferencias sexuales, etc. y es vital entender que el concepto se relaciona con el poder entendido, no como dominación sobre los demás, sino como capacidad de aumentar la auto-confianza, sentir orgullo por lo que se es, informarse adecuadamente, educarse, organizarse, participar en la toma de decisiones, negarse a discriminar o a ser discriminados, y aspirar a y luchar por una vida de mayor calidad y bienestar. Poder no sobre los otros, sino con ellos.

Esta larga introducción nos pareció necesaria para lo que aspiramos a hacer en las próximas semanas a través de esta columna: dar cuenta de la construcción de una plataforma de educación a distancia creada por y para adultos mayores de nuestra comunidad y desarrollar para los lectores de Centro los temas que se tratarán en ella.

CONÉCTATE - El Futuro ante ti que lleva adelante Latin@s en Toronto con financiación del Ministry of Seniors Affairs de Ontario y el apoyo del Hispanic Canadian Heritage Council y el Departamento de Español de la Universidad de Toronto pretende, a través del uso de las tecnologías de la información y la comunicación, informar e incluir a los adultos mayores de habla hispana y promover el diálogo entre diferentes generaciones, colaborando en la construcción de individuos resilientes, familias integradas y una comunidad capaz de empoderarse a sí misma y empoderar a sus miembros más vulnerables. Información completa en: www.latinasentoronto.org

 
 
 
Nota publicada por Centro News y Revista Debate - Jueves 16 de noviembre de 2017
 

Roles, estereotipos e inequidad "cuando tu abuela era una niña"

En la primera nota de este ciclo nos preguntábamos ¿de qué hablamos cuando hablamos de empoderamiento? y llegábamos a la conclusión de que el concepto alude al poder entendido, no como dominación sobre los demás, sino como capacidad de aumentar la auto-confianza, sentir orgullo por lo que se es, informarse adecuadamente, educarse, organizarse, participar en la toma de decisiones, negarse a discriminar o a ser discriminados, y aspirar a y luchar por una vida de mayor calidad y bienestar.

Y a lo largo de la nota, quedaba claro que si bien quienes se empoderan son las personas, los procesos que llevan desde la vulnerabilidad y la subordinación hacia el empoderamiento son procesos colectivos, que requieren la toma de conciencia de que, cualquiera sea el motivo de nuestra falta de poder, “no estamos solos” en lo que nos pasa.

Siendo Noviembre el mes consagrado a la toma de conciencia acerca de las múltiples formas con las que se puede presentar la violencia contra las mujeres, en el marco del Proyecto Conéctate nos ha parecido pertinente realizar un ejercicio de empoderamiento a través de un viaje hacia atrás en el tiempo, hacia la década de los años 50 y 60, cuando las mujeres que hoy tienen edad de ser abuelas, eran niñas.

En la época, desde ese ámbito de la cultura popular que es la publicidad, se construían imágenes idealizadas de mujeres recluidas en el ámbito de lo doméstico, sumisas, subordinadas, física y psicológicamente frágiles e inestables, intelectualmente disminuídas, y avergonzadas de su propio cuerpo. Y es importante poder recordar y analizar esas imágenes y los mensajes que trasmitían porque no existe empoderamiento sin reflexión y sin memoria.

Ese ejercicio de traer hacia nosotros viejas imágenes de un mundo no tan lejano y leerlas no desde el punto de vista del producto comercial que trataban de vender (desodorantes, jabones, planchas, vajilla, máquinas de coser, juguetes para niños, hamburguesas o ansiolíticos) sino desde la perspectiva del producto simbólico que buscaban normalizar y perpetuar (mujeres felices resignándose a ocupar los roles subordinados que les habían sido dados en función del sexo con el que habían nacido o mujeres histéricas o inadecuadas que no saben darle al hombre lo que el Hombre necesita) busca ser un ejercicio de empoderamiento en dos sentidos.

El primero, recordarle a las mujeres que hoy tienen 50 o más años que si ellas pudieron salir de ese mundo en el que la desigualdad no sólo estaba consentida sino que era algo socialmente valorado, no fue porque alguien magnánimo y poderoso hubiera decidido súbitamente emanciparlas y regalarles la posibilidad de estudiar, trabajar, llevar vidas independientes, valerse por sí mismas y tener control de sus propio cuerpo y de su sexualidad, sino que fue el fruto de la suma y la amalgama del esfuerzo de millones de mujeres que resistieron -muchas veces en soledad- dentro y fuera de sus hogares, se asociaron a pesar de las críticas que recibían, se hicieron fuertes y llegaron a ser capaces de protagonizar la mayor y más radical reforma social que haya presenciado el siglo XX.

El segundo, recordarle a las mujeres jóvenes que hoy podrían llegar a pensar que el mundo que han recibido se hizo solo, que fue siempre así y que es inamovible, que para conservar lo que ese mundo tiene de bueno y para cambiar lo que sigue siendo inadmisible (las brechas salariales, la violencia, el no reconocimiento de las tareas reproductivas y de cuidados como trabajo) les será imprescindible mirarse en el espejo de quienes fueron capaces de resquebrajar y hacer saltar en pedazos estructuras injustas que parecían eternas.   

Ese viaje hacia atrás para analizar imágenes publicitarias de una época en que las mujeres cambiaron el mundo tendrá lugar a través de una webinar del proyecto Conéctate el día 2 de diciembre a las 10 am y para registrarte puedes ir a www.latinasentoronto.org

CONÉCTATE - El Futuro ante ti (un proyecto financiado por el Ministry of Seniors Affairs de Ontario y apoyado por el Hispanic Canadian Heritage Council y el Departamento de Español de la Universidad de Toronto) propone, a través del uso de las tecnologías de la información y la comunicación, promover el diálogo y el intercambio de experiencias y conocimientos entre diferentes generaciones de la comunidad de origen latinoamericano.

 
 
 
 
 
Nota publicada por Centro News y Revista Debate en dos partes - Jueves 11 y jueves 18 de enero de 2018
 
Envejecimiento poblacional e inmigración [1]

Un debate imprescindible en el que tenemos cosas por decir.

Entre los temas más acuciantes de nuestro tiempo existen dos con naturalezas diferentes pero que están íntimamente ligados entre sí: el envejecimiento poblacional y las migraciones y desplazamientos poblacionales desde zonas en conflicto y/o menor desarrollo hacia el mundo desarrollado.

Veamos algunas características del primero para analizar más adelante el modo en que se vinculan entre sí.

El envejecimiento poblacional es el aumento del porcentaje de personas de edad y la disminución del porcentaje de personas jóvenes en una sociedad. Sus causas son, por un lado, el descenso sostenido de la cantidad de hijos que tiene cada mujer y, por otro, el aumento de la expectativa de vida de las personas de más edad. Ambos fenómenos han estado ligados, desde hace más de un siglo al industrialismo, la urbanización y los avances científicos y técnicos (sobre todo en lo referido a la salud). Desde mediados del siglo XX se han sumado a dichos factores el mejoramiento de los métodos contraceptivos, la entrada masiva de las mujeres al mundo laboral y a la educación, así como la tendencia creciente a que se respeten sus derechos de decisión sobre sus propios cuerpos.

El envejecimiento poblacional es, como podemos deducir, una consecuencia inseparable del desarrollo social y económico de las sociedades modernas y, vale la pena remarcarlo, se trata de algo que sucede por primera vez en la historia y para lo cual, por lo tanto, nuestra especie y nuestra cultura no tienen experiencia adquirida ni herramientas adecuadas. Se trata de un proceso de largo plazo que seguirá su tendencia creciente a nivel mundial por al menos 4 décadas más y lo que está previsto es que para entonces los porcentajes de personas de edad y de personas jóvenes se equilibren, pero sin que la tendencia se revierta. Esta situación presenta riesgos y oportunidades, pero básicamente es un enorme desafío que la humanidad tiene por delante en los más diversos terrenos: el urbanismo, la salud pública, los sistemas de cuidados, las estructuras familiares o la seguridad social.

Para no detenernos en cada uno de ellos, analicemos el último. Nuestros sistemas de pensiones tienen un componente esencial de solidaridad intergeneracional, es decir que las pensiones de las personas que se retiran no equivalen a lo que han ahorrado, sino que son el resultado de los aportes que hacen al sistema las personas que están en actividad. Cuando la relación entre la cantidad de personas que aportan y la cantidad de personas que se retiran es, por ejemplo, de 4 a 1, el sistema es sustentable y genera recursos extra. Cuando esa misma relación pasa a ser de 2 a 1 y la expectativa de vida de los retirados crece considerablemente, es previsible que el sistema, si no es reformulado de alguna forma, colapse.

Las estrategias más ensayadas para evitar ese colapso, si bien tienen cierta racionalidad desde el punto de vista económico, conllevan una buena dosis de crueldad e injusticia: recortar las pensiones para que la masa de dinero aportada se reparta en porciones más pequeñas, y aumentar la edad de retiro para que el número de beneficiarios disminuya, lo que equivale a ir eliminando las consecuencias del problema mientras el problema se agrava.

Es cierto que hay personas que no sólo están en condiciones sino que además desean trabajar por encima de los 65 años de edad… Pero eso no es cierto para todas las personas ni para todas las actividades y existen circunstancias en las que es imposible o es socialmente rechazado y basta ver los enfrentamientos que la reforma previsional provocó en Argentina sobre fines de 2017 para aquilatar los riegos que ese tipo de solución acarrea.

Por supuesto, existen otras formas de enfrentar el desafío, cada una con sus propios límites y restricciones: 1) aumento de la productividad por trabajador, de modo que menos aportantes cubran con más aportes el déficit generado por el envejecimiento poblacional y, como medida adicional, un impuesto a la robotización, que disminuye el empleo y por lo tanto los aportes que éste genera. 2) Promover la natalidad, es decir incentivar a las familias y en especial a las mujeres a tener más hijos, variante que no sólo no ha tenido éxito en los países en los que se ha ensayado sino que está desaconsejada por organismos internacionales. 3) Implementar políticas inmigratorias que a la vez de reducir los riesgos que algunas personas sufren en sus países de origen, generen demografías sostenibles en los países que las reciben.

Este último tema nos concierne particularmente tanto en relación a nuestro pasado personal como a nuestro papel como comunidad activa y responsable hoy. Podemos y deberíamos aportar lo que la vida nos ha enseñado.

Retomaremos esta reflexión en la siguiente nota, siguiendo la línea de análisis que Latin@s en Toronto, con el aporte del Demógrafo Héctor Goldar, viene desarrollando en el ciclo de webinars del proyecto Conéctate, financiado por el Ministry of Seniors Affairs de Ontario y apoyado por el Departamento de Español de la Universidad de Toronto y el Hispanic Canadian Heritage Council. Para quienes deseen incorporar elementos a un debate apasionante e imprescindible, les proponemos acceder a la webinar “Envejecimiento poblacional, inmigración e identidad”, disponible gratuitamente en www.latinasentoronto.org y hacernos llegar sus opiniones.

Envejecimiento poblacional e inmigración [2]

Un debate imprescindible en el que tenemos cosas por decir.

Veíamos en la nota anterior que una de las estrategias posibles para enfrentar los retos que el envejecimiento poblacional le plantea a las sociedades modernas, es la utilización de políticas inmigratorias diseñadas con ese fin. Y en realidad, si se analiza la historia de las políticas inmigratorias canadienses, podemos ver que desde finales del siglo XIX Canadá ha realizado esfuerzos por suplir un déficit poblacional crónico, con la importación de población en ocasiones en escala gigantesca.

No es posible repetir en esta nota el análisis pormenorizado de las diferentes oleadas inmigratorias llegadas a Canadá que se ha realizado en el marco del Proyecto Conéctate, pero si vale anotar aquí alguna de sus características. Las políticas inmigratorias canadienses hasta los años posteriores a la segunda guerra mundial estuvieron orientadas con ahínco al ingreso de población definida oficialmente como “blanca” y al desaliento o la prohibición directa del ingreso de poblaciones “de color”. Las poblaciones definidas como “blancas” y de las que se presumían condiciones morales superiores y una adaptabilidad mayor a la realidad social y geográfica del país eran aquellas provenientes del oeste, norte y (con algunas limitaciones) el centro de Europa, con expresa exclusión de las poblaciones originarias del Sur del continente.

Estas políticas que hoy no dudaríamos en catalogar como abiertamente racistas, estaban originadas en una creencia muy extendida en el mundo germano-anglosajón acerca de su propia superioridad y en doctrinas pseudocientíficas en boga, conocidas como Darwinismo Social, que dieron justificación luego a aberraciones extremas como el nazismo.

Estas políticas inmigratorias, por supuesto, no estaban orientadas a solucionar los efectos del envejecimiento poblacional porque aunque el fenómeno ya estaba en marcha aún no era lo suficientemente visible. La finalidad era simplemente, como decíamos antes, cubrir un déficit de mano de obra con personas capaces de impulsar el desarrollo de un país rico pero prácticamente despoblado con un énfasis muy marcado en el ingreso de mujeres e incluso de menores de edad provenientes de zonas que en aquel momento padecían períodos de hambre, por ejemplo Irlanda o que tenían altas tasas de niños en situación de abandono u orfandad, como Inglaterra.

Las diferentes oleadas inmigratorias resultantes tanto de esas políticas como de los acontecimientos que se vivían en los países de procedencia le aportaron a Canadá fuertes contingentes provenientes sobre todo de las Islas Británicas, pero también de los países nórdicos, de Alemania, la Rusia Europea o Ucrania, y fue recién después de finalizada la Segunda Guerra Mundial que, a partir de acuerdos de post-guerra, comenzó el ingreso masivo de italianos, portugueses o griegos desde el Sur de Europa, de población afro-británica desde de islas del Caribe anglófono o de contingentes de exiliados tras acontecimientos críticos pero puntuales, como por ejemplo el caso de los emigrados húngaros tras los levantamientos de 1956.

Ahora bien… Esta historia tiene un detalle que no debe pasarnos por alto…

Cada una de estas oleadas, si bien implicaba el ingreso de decenas y a veces cientos de miles de personas en cortos períodos de tiempo, tenían características que conspiraban contra su sostenibilidad en el tiempo.

En primer lugar, provenían de una zona geográfica demasiado acotada y se trataba de pujos que se detenían en cuanto las condiciones de vida de los países de origen mejoraba. En segundo lugar, casi todas esas poblaciones provenían de países en los que el envejecimiento poblacional ya estaba en marcha.

En este aspecto, vale la pena detenernos.

Para que la población de un país aumente a un ritmo sostenido deben darse tasas de nacimientos por mujer superiores a 2.1. Por debajo de esas cifras, la población se sostiene o disminuye y, como habíamos visto en la nota anterior, la urbanización y la industrialización son elementos del desarrollo que habían comenzado a limitar la natalidad en Europa desde hacía ya muchas décadas. El resultado de las políticas inmigratorias centradas en la idea de que Canadá sólo debía promover el ingreso de población de origen europeo tuvo en el largo plazo un efecto no buscado pero inevitable: tasas de natalidad muy bajas. Ese fenómeno, sumado a los cambios sociales que las sociedades desarrolladas comenzaron a experimentar en la década de los 60 y que veíamos en la nota anterior (métodos contraceptivos seguros y al alcance de todas las mujeres, ingreso masivo de las mujeres al mundo del trabajo remunerado y a la educación terciaria, etc.) determinaron primero una crisis terminal de las políticas poblacionales del país… y luego un giro inesperado, audaz y determinante.

Ese giro es el que nos trajo hasta aquí y el que trajo a la mayor parte de las personas provenientes de China, de la India, del mundo árabe o del Africa sub-sahariana con quienes convivimos, trabajamos o nos cruzamos por la calle. Se trata de nuestra historia y sobre todo de lo que de ella podría aprenderse con miras a un futuro desafiante e incierto.

Profundizaremos en ella en siguiente nota, siguiendo la línea de análisis que Latin@s en Toronto, con el aporte del Demógrafo Héctor Goldar, ha desarrollado en el ciclo de webinars del proyecto Conéctate, financiado por el Ministry of Seniors Affairs de Ontario y apoyado por el Departamento de Español de la Universidad de Toronto y el Hispanic Canadian Heritage Council.
Para quienes deseen incorporar elementos a un debate apasionante e imprescindible, les proponemos acceder a la webinar “Envejecimiento poblacional, inmigración e identidad”, disponible gratuitamente en www.latinasentoronto.org y hacernos llegar sus opiniones.